Ambas dan liquidez, pero funcionan y cuestan de forma muy distinta. Te ayudamos a elegir.
Por el equipo de Crédito Nuevo · Actualizado: septiembre de 2026 · Lectura: 5 min
Usa una tarjeta de crédito para gastos pequeños y puntuales que devolverás a fin de mes sin intereses. Usa un préstamo personal para importes mayores que necesitas devolver a plazos: su TAE suele ser mucho más baja que el aplazamiento de la tarjeta (que puede superar el 20 % TAE).
La tarjeta de crédito te da un límite que puedes usar y devolver a fin de mes (sin interés) o aplazar (con interés). El préstamo personal te da una cantidad fija que devuelves en cuotas durante un plazo pactado.
El aplazamiento de una tarjeta (el famoso «pago fraccionado» o revolving) puede tener una TAE muy alta, a veces por encima del 20-25 %. Un préstamo personal suele ser bastante más barato para importes medios.
Cuidado con las tarjetas revolving: al pagar una cuota baja fija, la deuda puede alargarse durante años y multiplicar los intereses.
Encuentra una TAE más baja que el aplazamiento de tu tarjeta.
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